La Mojigata: "Nos hemos convertido en animales comedores de alimentos procesados"
La Mojigata: "Nos hemos convertido en animales comedores de alimentos procesados"
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La Mojigata: "Nos hemos convertido en animales comedores de alimentos procesados"
La Mojigata: "Nos hemos convertido en animales comedores de alimentos procesados"
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 Natalia Cisterna siempre ha contado historias a través de la comida. Primero en un restaurante, después con una empresa de catering y ahora como 'food designer'. Conocida como La Mojigata, en la cocina es de todo menos beata.

 Natalia Cisterna siempre ha contado historias a través de la comida. Primero en un restaurante, después con una empresa de catering y ahora como 'food designer'. Conocida como La Mojigata, en la cocina es de todo menos beata.

Interacción, sorpresa y reflexión. A la Mojigata (su nombre de guerra) lo que le gusta, además de cocinar para los demás, es crear sensaciones a través de los alimentos, vayan a ser estos comidos o no. Muchos la conocimos en Madrid con Los Desayunos tardíos, fiestas pijameras que celebraba junto a su marido en la Mojinave, un espacio inmenso y luminoso en el barrio de Oporto. A cada una de sus convocatorias peregrinaban decenas de personas para disfrutar de la bollería artesanal o los jugos de frutas naturales que preparaban. Música en directo – por allí pasó hasta la misma Russian Red -, charlas sobre creatividad, performances –una de las últimas fue la de la ‘food artist’ Alicia Ríos- o grabaciones de proclamas feministas en el excusado, amenizaban la jornada.

Aunque su empresa de ‘casering’ -catering casero- siempre estaba presente en las mejores reuniones, La Mojigata se dio cuenta de que lo realmente interesante era investigar sobre la comida y nuestra relación con ella. Y arriesgó con éxito. En esta nueva etapa, su discurso consigue seducir a las marcas, pues averigua cuál es la esencia de cada una para transmitirla  a través de los alimentos y busca la manera más adecuada de que la gente interactuen con ella. Sus clientes, ante una herramienta tan atractiva, inevitablemente compran.

Hace unas semanas, nos invitó a degustar una sopa que entre todos los asintentes fuimos preparando. Fue en Soulsight, la consultora estratégica con la que ha hecho buenas migas. Allí nos habló del pasado y el presente de la comida y señaló algunas claves a tener en cuenta para que el escenario futuro sea mucho más positivo que el que se augura actualmente. A pesar de que mis preguntas puedan parecer asépticas, lo cierto es que estuvimos charlando largo y tendido sentadas en un cómodo sofá mientras nos bebíamos un caldo calentito.

Interacción, sorpresa y reflexión. A la Mojigata (su nombre de guerra) lo que le gusta, además de cocinar para los demás, es crear sensaciones a través de los alimentos, vayan a ser estos comidos o no. Muchos la conocimos en Madrid con Los Desayunos tardíos, fiestas pijameras que celebraba junto a su marido en la Mojinave, un espacio inmenso y luminoso en el barrio de Oporto. A cada una de sus convocatorias peregrinaban decenas de personas para disfrutar de la bollería artesanal o los jugos de frutas naturales que preparaban. Música en directo – por allí pasó hasta la misma Russian Red -, charlas sobre creatividad, performances –una de las últimas fue la de la ‘food artist’ Alicia Ríos- o grabaciones de proclamas feministas en el excusado, amenizaban la jornada.

Aunque su empresa de ‘casering’ -catering casero- siempre estaba presente en las mejores reuniones, La Mojigata se dio cuenta de que lo realmente interesante era investigar sobre la comida y nuestra relación con ella. Y arriesgó con éxito. En esta nueva etapa, su discurso consigue seducir a las marcas, pues averigua cuál es la esencia de cada una para transmitirla  a través de los alimentos y busca la manera más adecuada de que la gente interactuen con ella. Sus clientes, ante una herramienta tan atractiva, inevitablemente compran.

Hace unas semanas, nos invitó a degustar una sopa que entre todos los asintentes fuimos preparando. Fue en Soulsight, la consultora estratégica con la que ha hecho buenas migas. Allí nos habló del pasado y el presente de la comida y señaló algunas claves a tener en cuenta para que el escenario futuro sea mucho más positivo que el que se augura actualmente. A pesar de que mis preguntas puedan parecer asépticas, lo cierto es que estuvimos charlando largo y tendido sentadas en un cómodo sofá mientras nos bebíamos un caldo calentito.

¿Hemos perdido la conexión con los alimentos?

Así es. Y encontrar la solución de cómo tiene que ser esa reconexión es lo más complicado. Todo pasa por mejorar el impacto que tiene nuestra manera de comer en nuestro entorno y en el medio ambiente, así como nuestra relación con la comida. Es difícil por el tipo de vida que llevamos ahora, pues nos hemos dejado la identidad por el camino, las tradiciones… el hecho de que la mujer se haya incorporado al mundo laboral ha precipitado que se pierdan esas recetas que antes nos llegaban a través de nuestras abuelas. Es muy curioso que, además, tenemos esta desconexión con la comida, pero muchos no paran de generar contenidos alrededor de ella y otros tantos los buscan en internet. Es como una distorsión, una perversión. Ante la falta de transparencia del sistema de producción de alimentos, hay desconfianza y ansiedad. Por eso buscamos continuamente mejorar nuestra salud a través de la alimentación y lo hacemos mediante productos procesados. 

 

Así es. Y encontrar la solución de cómo tiene que ser esa reconexión es lo más complicado. Todo pasa por mejorar el impacto que tiene nuestra manera de comer en nuestro entorno y en el medio ambiente, así como nuestra relación con la comida. Es difícil por el tipo de vida que llevamos ahora, pues nos hemos dejado la identidad por el camino, las tradiciones… el hecho de que la mujer se haya incorporado al mundo laboral ha precipitado que se pierdan esas recetas que antes nos llegaban a través de nuestras abuelas. Es muy curioso que, además, tenemos esta desconexión con la comida, pero muchos no paran de generar contenidos alrededor de ella y otros tantos los buscan en internet. Es como una distorsión, una perversión. Ante la falta de transparencia del sistema de producción de alimentos, hay desconfianza y ansiedad. Por eso buscamos continuamente mejorar nuestra salud a través de la alimentación y lo hacemos mediante productos procesados. 

 

"Es como una perversión. Aunque tenemos esta desconexión con la comida, no paramos de generar y buscar  contenidos alrededor de ella en internet".

"Es como una perversión. Aunque tenemos esta desconexión con la comida, no paramos de generar y buscar  contenidos alrededor de ella en internet".

"Es como una perversión. Aunque tenemos esta desconexión con la comida, no paramos de generar y buscar  contenidos alrededor de ella en internet".

¿También el mundo del sabor ha pasado a un segundo plano?

De lunes a viernes no hay ninguna emoción. Y nos da igual. Comemos con un tupper delante del ordenador, con el teléfono en la mano. Sin embargo, el fin de semana salimos a buscar esa emoción, a un restaurante o a un mercado gourmet. Y no es que no tengamos tiempo, es que cocinar ya no es una prioridad. Por otra parte, antes era imposible comer teriyaki en Asturias o un cabrales en Cádiz y ahora, a través de la globalización, el sabor se ha extendido, pero también en ese viaje tan largo ha perdido parte de su esencia y cada vez somos menos exigente con él, a pesar de que lo necesitamos.

"Antes era imposible comer teriyaki en Asturias y ahora, a través de la globalización, el sabor se ha extendido. Pero también en ese viaje tan largo ha perdido parte de su esencia."

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¿Qué es el 'food design'?

Es cualquier reflexión que se haga alrededor de la comida, así como cualquier acción que hagamos con ella más allá de su propia esencia: servir de alimento. También es el diseño de todo lo relacionado con su esfera: los espacio de un  restaurante, los utensilios, la forma que se le da para comerla o para cocinarla, las  experiencias sensoriales, el packaging o el hecho de considerarla como algo puramente estético, como un objeto.

Los precursores del food design, allá por los años 70, decían que no hacía falta saber cocinar para diseñar con comida y en muchos de estos aspectos del diseño de comida es cierto. Sin embargo, para mí es indispensable saber cocinar, incluso cuando creo una experiencia alrededor de la comida en la que el objetivo no es comer. Tú no puedes diseñar si no conoces todas las utilidades que te da tu herramienta. Para crear una textura o para crear un color tienes que conocer qué posibilidades te ofrece ese alimento.

¿Consiste en contar historias a través de la comida?

La comida tiene un poder de comunicación muy potente. Yo empecé a darme cuenta de ello cuando montando caterings, veía cómo mis clientes se gastaban una pasta en tener una mesa de comida, pero que al final mucha gente no comía porque no tenían tiempo. Por otra parte, se estaba perdiendo una oportunidad de contar qué era su producto o su marca a través de la comida. Puedes hacer diseño de comida hibridándolo con la tecnología, con el mundo del arte, con el mundo de los materiales para el packaging, estudiando su pasado, presente o futuro, etc.

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¿Cuál es el futuro de la comida?

Las tendencias de futuro alrededor de la comida está muy identificadas y todas parten de la tecnología, de drones, de impresoras 3d, etc. Para el proyecto de Wander queríamos ir un poco más allá y entender ese futuro a partir del presente y también del pasado. Hemos investigado cómo se ha ido transformando la comida, qué cosas no hemos ide dejando por el camino y que consideramos necesarias recuperar, como la identidad, por ejemplo. Hemos dejado de cocinar en casa, de tener una despensa, y eso ha ido haciendo que el alimento pierda parte de su valor. Nos hemos convertido en animales comedores de alimentos procesado. Estamos siempre con esa sensación de que algo no se está haciendo bien, a pesar de que el sistema de producción de alimentos nos dota en las estanterías de los supermercados de mil opciones para calmar nuestra conciencia.

"Las tendencias de futuro están muy identificadas pero nadie piensa en las consecuencias. Se habla de sostenibilidad, de que todo es en pro de nuestro entorno y el medioambiente, pero todo eso también tiene unas consecuencias."

En el contexto de la alimentación, aspectos muy distintos nos definen: cómo a través de la comida nos posicionamos en un entorno, cómo nuestra capacidad económica nos permite comer de una forma u otra y cómo eso nos afecta a la salud o la relación con la comida; cómo la tecnología está impactando en el sector de la agricultura y cómo ese sector va a impactar en la sociedad. Por ejemplo, se pierden profesiones tan antiguas como la labranza porque las semillas ya no hace falta que las planten. Las tiras con un dron y crecen solas. Las tendencias de futuro están muy identificadas pero nadie piensa en las consecuencias. Se habla de sostenibilidad, de que todo es en pro de nuestro entorno y el medioambiente, pero todo eso también tiene unas consecuencias. Hay que mejorar todo lo que podamos nuestro mundo para poder vivir en él en un futuro, pero creo que es bonito, al menos, ser conscientes de lo que nos vamos a dejar detrás y de lo que tenemos que sacrificar para poder vivir en un mundo mejor.

¿Tiene sentido que te pregunte por ese futuro en España?

Hace 40 años podíamos acotarlo a un país, pero es lo que te decía, esa facilitación del sabor, de poder conseguirlo en cualquier parte del mundo hace complicado limitarlo a una zona concreta, por lo menos en Occidente. No sé a adónde vamos a llegar si no cuidamos esos aspectos. Hay que analizar el impacto que ha tenido esa transformación en un pasado, cómo la tecnología nos ha  transformado. Creo que debemos intentar comer alimentos de nuestro entorno y recuperar especies que se están perdiendo, tanto animales como vegetales.

"Debemos intentar comer alimentos de nuestro entorno y recuperar especies que se están perdiendo, tanto animales como vegetales".

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¿Podemos hablar de una escena española del food design? ¿Tiene un sello singular?

Los que empezamos a diseñar con comida –hay gente que lo lleva haciendo desde hace varias décadas, pero en circuitos más cerrados- cada vez somos más, pero estamos en un proceso de búsqueda. Por eso creo que con el tiempo sí que se puede crear una identidad alrededor del diseño de la comida propio de nuestro país.

Fuera sí hay gente que está haciendo cosas superpotentes, pero en España no estamos a esos niveles. Sin embargo, en cuanto a lo gastronómico, a ciertos cocineros sí se les puede considerar en cierta manera diseñadores de comida, por su manera de plantear un plato, un sabor. Pero viéndolo desde el punto de vista de objeto, sin que la finalidad de la propuesta sea comer, todavía nos queda mucho.

Los que empezamos a diseñar con comida –hay gente que lo lleva haciendo desde hace varias décadas, pero en circuitos más cerrados- cada vez somos más, pero estamos en un proceso de búsqueda. Por eso creo que con el tiempo sí que se puede crear una identidad alrededor del diseño de la comida propio de nuestro país.

Fuera sí hay gente que está haciendo cosas superpotentes, pero en España no estamos a esos niveles. Sin embargo, en cuanto a lo gastronómico, a ciertos cocineros sí se les puede considerar en cierta manera diseñadores de comida, por su manera de plantear un plato, un sabor. Pero viéndolo desde el punto de vista de objeto, sin que la finalidad de la propuesta sea comer, todavía nos queda mucho.

Compañeros a los que admiras.

Martí Guixé, de Barcelona, es el pionero del food design aquí en España y Elsa Yranzo creo que hace un trabajo increíble. We Crave en Madrid, o Escaparatec, que hibridan con tecnología, o Gourmetillo food studio. Hay gente interesante pero todavía puedo nombrarlos con los dedos de una mano, por lo menos los que yo conozco.

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